¿El buen lector?

     A veces, la vanidad del lector no nos deja ver más allá. ¿Os habéis preguntado alguna vez si somos buenos o malos lectores? ¿Se puede aprender a leer? ¿Leemos bien o leemos mal?
     No fue fácil la lectura de La experiencia de leer, de C.S. Lewis, pero abrió en mi estos y muchos más interrogantes. No se si se trata de un manual, o de un tratado místico-filosófico, pero ciertamente que no me había topado nunca con un estudio semejante, centrado en esa tarea tan difícil de analizar la lectura. De la huella que me dejó deriva esta entrada. Aquí iré recopilando todas aquellas frases, sentencias o reflexiones relacionadas de alguna manera con esa digna evasión que nos regala la lectura.

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Para el buen lector, leer un libro significa aprender a conocer la manera de ser y pensar de una persona extraña, tratar de comprenderla y quizás ganarla como amigo.

El efecto de los libros es algo misterioso. Todos los padres y educadores han hecho la experiencia de creer que daban a un niño o a un adolescente un libro excelente y escogido en el momento adecuado y luego han visto que había sido un error. Cada cual, joven o viejo, tiene que encontrar su propio camino hacia el mundo de los libros, aunque el consejo y la amable tutela de los amigos puede ayudar mucho. Algunos se sienten pronto a gusto entre los escritores y otros necesitan largos años hasta comprender lo dulce y maravilloso que es leer. Se puede comenzar con Homero y acabar con Dostoievski o al revés; se puede ir creciendo con los poetas y pasar al final a los filósofos o al revés; hay cien caminos. Pero sólo existe una ley y un camino para cultivarse y crecer intelectualmente con los libros, y es el respeto a lo que se está leyendo, la paciencia de querer comprender, la humildad de tolerar, escuchar.
El que solamente lee como pasatiempo, por mucho y bueno que sea lo que lea, leerá y olvidará y luego será tan pobre como antes. Pero al que lee como se escucha a los amigos, los libros le revelarán sus riquezas y serán suyos. Lo que lea no resbalará, ni se perderá, sino que se quedará con él y le pertenecerá y consolará, como sólo los amigos son capaces de hacerlo.
Hermann Hesse

          El lector que busca pasatiempo y recreo y el lector que se interesa por la cultura, presienten que en los libros hay fuerzas secretas de solaz y estímulo intelectual que no conocen ni saben valorar exactamente. Por eso hacen como un enfermo imprudente que sabe que en la farmacia hay muchos remedios buenos, y que se ponen a probar estante por estante, y frasco por fasco. Sin embargo, tanto en la farmacia real, como en la librería y la biblioteca cada uno podría encontrar la hierba adecuada y en lugar de envenenarse y empacharse podría sacar de allí fuerzas y estímulos.
Hermann Hesse

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La lectura de los malos libros forma el gusto, siempre que se hayan leído buenos libros.
  Es posible que la lectura de los malos libros sea una catarsis de muy preciosa utilidad moral.
  Cultivemos en nosotros el odio al libro estúpido. El odio al libro estúpido es un sentimiento muy inútil en sí, pero que tiene valor si aviva en nosotros el amor y la sed de los que son buenos.

Me diréis que hay libros que no pueden ser leídos lentamente, que no toleran la lectura lenta. Los hay, en efecto; pero son los que no hay que leer en forma alguna.

Émile Faguet
  Los libros son las cosas mejores cuando se usan bien; cuando se usan mal figuran entre las peores.

Ralph Waldo Emerson.


    
Los libros no son como los huevos, que hay que consumirlos frescos.

   Nueve décimas partes de toda nuestra literatura actual –sentenció- no tiene otra finalidad que sacar algún dinero del bolsillo del público y autores, editores y críticos están coaligados con este fin”.

      El arte de no leer es de los más importantes. 
      Nunca se lee demasiado la buena literatura y nunca demasiado poco la mala. Los malos libros son veneno intelectual: destruyen el espíritu.

     Para leer lo bueno existe una condición: no leer lo malo, pues la vida es corta y el tiempo y las fuerzas limitadas.

    Apenas hemos tomado uno en las manos, aunque sólo sea durante media hora, enseguida nos sentimos refrescados, aligerados, purificados, con el espíritu más elevado y reforzado.

Schopenhauer




Un libro es un espejo: si un asno se mira en él, no cabe esperar que un apóstol le devuelva la mirada.

C. G. Lichtenberg.



Sólo leemos bien aquello que leemos con un propósito personal. Puede ser para adquirir algún poder. Puede ser por odio a su autor.



Los intereses de un escritor y los intereses de sus lectores jamás coinciden y, si alguna vez lo hacen, no es más que un golpe de suerte.



En relación con un escritor, la mayoría de los lectores creen en una suerte de Doble Moral: ellos pueden serle infieles tan a menudo como quieran, pero él nunca debe serles infiel a ellos.



En tanto que lectores, muchos de nosotros, en cierta medida, somos como esos pilluelos que dibujan bigotes en los rostros de las mujeres que aparecen en los anuncios.



El placer no es ni mucho menos un guía crítico infalible, pero sí el menos falible.



Una de las razones de que los buenos críticos literarios sean más escasos que los buenos poetas o novelistas es la naturaleza del egoísmo humano. Un poeta o un novelista ha de aprender a ser humilde ante el tema de su escritura, que es la vida en general. Pero el asunto del crítico, el tema ante el cual debe aprender a ser humilde, está compuesto de otros escritores, es decir, de individuos humanos, y esta clase de humildad es mucho más difícil de adquirir. Resulta infinitamente más fácil decir: «La vida es más importante que cualquier cosa que pueda decir sobre ella ―que afirmar―: la obra del señor A es más importante que cualquier cosa que pueda decir sobre ella»



La única actitud sensata para un crítico es guardar silencio sobre obras que juzga malas, al tiempo que promueve con vigor aquellas que juzga buenas, especialmente si han sido ignoradas o infravaloradas por los lectores.



Atacar un mal libro no es sólo una pérdida de tiempo, sino también nocivo para el carácter. Si un libro me parece malo, el único interés que puedo obtener de comentarlo debe provenir de mí mismo, del despliegue de inteligencia, ingenio y malicia que sea capaz de ofrecer. No se puede reseñar un mal libro sin caer en la presunción.



El intelecto humano ha de elegir, por fuerza, Entre la perfección de la vida o de la obra.

YEATS



Debido al maleficio de Babel, la poesía es la más provinciana de las artes, pero hoy en día, cuando la civilización comienza a ser monótonamente igual en todo el mundo, uno tiende a pensar que es más una bendición que un maleficio: en poesía, al menos, no puede haber un “estilo internacional”.


La moda y el esnobismo son una defensa valiosa contra la indigestión literaria. Al margen de su calidad, siempre es mejor leer unos pocos libros con atención que hojear muchos con prisa y, en ausencia de un gusto personal que no puede formarse de la noche a la mañana, el esnobismo es un principio limitador tan bueno como cualquier otro.


W. H. Auden.


De horribles blasfemias
de las Academias,
líbranos, señor.

Rubén Darío.





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